Las cosas de mi niña

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 Clara, nueve años, le encantan los juegos de ordenador y de las maquinas  que simulan la vida en un hogar incluyendo control de gastos, cocina, hijos, etc. Le interesa casi todo en la ciencia, casi todo del mundo que la rodea, como dice el anuncio de TV de una marca de jabón, “le viene de familia”, pero además de ambas.

Cuando visita a su abuela materna, suele pasar ratos jugando mientras la abuela soluciona las cosas del hogar y resuelve sus asuntos de trabajo.

 El verano pasado mientras estaba en casa de la abuela, también estaba Island la perrita del tío. Había mucho que hacer y siempre los dos primeros días la abuela está más cansada por falta de entrenamiento, según ella misma dice.

La primera noche cuando se iban a la cama la abuela estaba un poco malhumorada, cosa que extrañó a la peque, así que le pregunto: ¿Abuela, estas enfadada?  No cariño, estoy cansada porque estoy muy desentrenada para tanta actividad física, es decir: largos paseos y un largo etcétera”.

“Pero se me pasará en un par de días”, añadió la abuela, es sólo el cambio de actividades no hagas caso a este estado de ánimo”.

La niña la miró y de pronto en tono dramático y con las manos en jarra dijo:

“ ¿Qué tú estás cansada… yo sí, que estoy cansada, me he pasado horas calculando los gastos y sufriendo para pagar la hipoteca y atender a los niños y la casa y la oficina…vamos, vamos, que tú estás cansada… tú no sabes lo que es estar cansada, yo sí que lo sé”

 Las carcajadas que provocó este improvisado y glorioso monólogo hicieron desaparecer por completo el cansancio de la abuela y la alegría volvió a reinar en la casa.